Santa Cruz. A sus 44 años de edad, José “Chepio” Arrieta desafia vaqueta en mano, las furiosas embestidas de los mejores toros de la bajura guanacasteca que se montan en las fiestas típicas nacionales. Aunque inicio montando toros a los 16 años, con el correr del tiempo cambio el rechinar del duro metal de las espuelas, por la vaqueta de cuero de vaca, todo un arte donde se conjugan el valor y la destreza.
En su cuerpo lleva como trofeos las cicatrices, fracturas y costillas dislocadas producto de las cornadas, donde algunas de ellas lo tuvieron feo, entre la vida y la muerte.
“Fue un toro de finca Iguanita de Yalmar Sojo, llamado La Ley del Monte, me metió el cacho en la pierna izquierda y todavía hoy, tengo problemas para caminar” comento Arrieta.
Para “Chepio” las reglas del juego han cambiado a lo largo de un cuarto de siglo “al inicio iba a un pueblo y por un trago de guaro o un tamal con café le hacíamos la faena a los toros, ya fuera montando o baqueteando”.
“Esto es algo que se trae en la sangre, es una pasión tan grande como el amor por una mujer, que se tiene que vivir para entenderlo”.
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